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Amor propio·5 min

El amor propio no es lo que te vendieron

No se trata de amarte todos los días ni de darte caprichos. Se trata de dejar de traicionarte.

Nos vendieron el amor propio como una fiesta. Baño de burbujas, café caro, frases en letras bonitas. Y está bien darse gustos, pero si eso fuera todo, mucha gente que se cuida por fuera no estaría destruyéndose por dentro.

El amor propio real es bastante menos fotogénico. Se parece más a levantarse a hacer algo que no te apetece porque tu yo de mañana te lo va a agradecer. O a irte de un lugar donde te tratan mal, aunque duela.

Eres tu propia plantita. Háblate bonito y con amor.

No es un sentimiento, es una manera de tratarte

Esperar a «sentir» amor propio para actuar en consecuencia es como esperar a tener ganas para ir al gimnasio. No llega solo. El sentimiento viene después de la conducta, no antes.

Hay días en que no te vas a caer bien. En que te vas a mirar y no te va a gustar lo que ves. En esos días el amor propio no es sentir algo bonito, es no hacerte daño. Solo eso. Y eso ya cuenta.

No cambies para que te quieran. Cambia para dejar de traicionarte.

Señales de que lo estás pasando por alto

A veces es más fácil detectar la falta que la presencia. Mira si te reconoces en alguna de estas:

  • Pides perdón por cosas que no hiciste, solo para bajar la tensión.
  • Te cuesta más pedir un favor que hacer diez.
  • Justificas a quien te falla antes de que lo haga esa persona.
  • Te ajustas a lo que el otro necesita antes de saber lo que necesitas tú.
  • Te enteras de que estás mal cuando el cuerpo ya te avisó: dolores, insomnio, estómago.

Nada de eso es un defecto de fábrica. Casi siempre son habilidades que desarrollaste para sobrevivir en un sitio donde no era seguro ocupar espacio. Te sirvieron entonces. El problema es que las sigues usando ahora.

Enamorarse del potencial

Hay una trampa concreta que vale la pena nombrar. Muchas personas no se enamoran de alguien, sino de lo que esa persona podría llegar a ser. De su versión buena, la que aparece a ratos.

Y entonces aguantas. Porque en tu cabeza la relación real no es esta, es la que va a existir cuando él cambie, cuando ella madure, cuando pase esta etapa. Te quedas años pagando por adelantado algo que nunca llega.

A la gente hay que mirarla por lo que hace de forma constante, no por lo que promete cuando la cosa se pone tensa.

Dónde empezar si esto te suena

No hace falta un plan de transformación. Prueba una sola cosa esta semana: cuando alguien te pregunte qué quieres, contesta lo que quieres de verdad. No lo que es más fácil. No lo que va a caer mejor.

Va a dar vértigo, porque llevas mucho tiempo respondiendo lo otro. Pero ahí está el ejercicio completo: darte cuenta de que tenías una preferencia, y sostenerla.

Elegirte va a incomodar a quien se acostumbró a que te olvidaras. Prepárate para eso. No significa que estés haciéndolo mal. Significa que estás haciéndolo.